¿Qué detalles hacen que una explicación científica se perciba como honesta, útil o respetuosa? Un equipo de investigación de la Universidad Técnica de Braunschweig (Alemania), liderado por Monika Taddicken, propone responder a esta pregunta desde la perspectiva de la audiencia. Su punto de partida es sencillo pero relevante: la mayoría de las personas no interactúa directamente con la ciencia, sino con contenidos de comunicación científica: noticias, redes sociales, vídeos o webs institucionales… Y en muchos casos, la confianza en la ciencia se construye precisamente a partir de esos contenidos.
Por eso, si queremos reforzar la confianza pública en la ciencia, los contenidos deben cumplir dos funciones al mismo tiempo:
- ser percibidos como comunicación científica de calidad
- transmitir señales que refuercen la confianza en la ciencia
Qué considera el público “buena” comunicación científica
En investigaciones previas, el equipo de Taddicken ya había identificado 15 criterios que el público usa para juzgar la calidad de un contenido científico:
- Diversidad: inclusión equilibrada de perspectivas complementarias.
- Actualidad: conexión con descubrimientos y debates actuales.
- Relevancia: importancia para la sociedad y por qué la ciencia se ocupa de dicho asunto.
- Credibilidad: fuentes percibidas como competentes y honestas.
- Neutralidad: independencia y transparencia sobre conflictos de interés.
- Corrección: rigor y referencia a fuentes.
- Crítica: análisis y contextualización de resultados, con limitaciones e incertidumbres.
- Comprensibilidad: explicación clara, con ejemplos, metáforas o esquemas.
- Objetividad: distinción entre hechos y opiniones.
- Respeto: tono y atmósfera agradable.
- Aplicabilidad: utilidad para la vida cotidiana y para la toma de decisiones.
- Entretenimiento: capacidad de despertar interés sin trivializar.
- Presentación: formato y estructura adaptados al tema y al público.
- Diálogo: posibilidad de interacción.
- Disfrute: experiencia inspiradora y satisfactoria.
Cinco dimensiones de confianza: la “brújula” para diseñar contenidos
En un trabajo más reciente, Taddicken propone interpretar estos criterios a través de una “brújula de confianza” con cinco puntos cardinales:
- Capacidad: conocimientos, habilidades y competencias en un ámbito determinado.
- Integridad: adhesión a estándares científicos e independencia frente a influencias indebidas (métodos, garantías de calidad, conflictos de intereses).
- Benevolencia: compromiso con el bien común.
- Transparencia: hacer los procesos, pruebas e incertidumbres accesibles y comprensibles, sin ocultar nada importante.
- Diálogo: disposición y capacidad para participar, escuchar y facilitar la interacción.
Recomendaciones de comunicación científica para fortalecer la confianza pública
Este enfoque permite conectar los criterios de calidad reconocidos por la audiencia con estrategias de comunicación que fomenten cada dimensión de la confianza.
La siguiente tabla resume cómo los criterios de calidad que reconoce el público pueden traducirse en decisiones concretas de comunicación para reforzar cada dimensión de la confianza.
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No obstante, no todas las dimensiones de calidad funcionen de manera uniforme en todos los temas o audiencias. Por ejemplo, en áreas científicas controvertidas, el escepticismo del público suele relacionarse menos con la percepción de falta de capacidad que con dudas sobre integridad, benevolencia o disposición al diálogo.
En la práctica, este marco funciona como una brújula: identifica qué dimensión de confianza está más en juego en cada caso y ajusta tu contenido para reforzarla.
Pequeños cambios como explicar mejor las incertidumbres, mostrar el proceso científico o abrir espacios de interacción pueden marcar la diferencia.

